lunes, 26 de junio de 2017

Iván, tu memoria por encima de los buitres de la miseria


La indignación no me deja casi respirar. Me apodera un sentimiento de furia contra quienes se mofan de la muerte de un hombre. De un hombre bueno y honrado. De un hombre que ha dado su vida por su profesión, por la creación, por el Arte.

No tengo nada en contra de ellos por eso los seguiré llamando hombres. Pero si los califico. Los califico como locos, perversos, sin algún atisbo de sentimentalismo. Mi educación me ha llevado a respetar a quien no piensa, ni siente como yo. Pero también a saber calificar y a describirlos como una voluntad sin ideales, en la que el amor no encauza, la generosidad no atempera. No son antitaurinos, son esquizofrénicos, son destructores, demonios de un inframundo de sombras. Bajo unos ideales, que repito, respeto porque no todo el mundo puede estar a favor de la Tauromaquia, se esconden bestias sedientas de sangre que asaltan las redes sociales como los bárbaros tomaron Roma. Cada palabra que vierten sobre la muerte de un torero, son huellas de sangre inocente. Cada palabra de alegría por la muerte de un ser humano, por torero que sea, se amontonan en ruinas intelectuales que solo influyen en mí, repugnancia y mal olor.

Un torero, Iván Fandiño, fue la antítesis de esta manada de carroña. Un ser completo, con una brújula, un ideal y una aspiración. Mientras ellos destruían, él en los ruedos intentaba darnos calor, luz, creación, regenerar nuestras emociones tarde a tarde, dejar su modelo de toreo escrito en la historia del toreo. Iván tenía códigos, virtudes, libertades y un corazón que destilaba gratitud.

Tenía que soltarlo. Llevo días con el estómago encogido por la furia, por la indignación que me provoca la miseria y la ignorancia de esa masa hedionda de seres vacios, viscosos, que se arrastran en la más inmunda de las cloacas sociales. Descansa en Paz Iván, nada podrá abatir tu memoria. Tú que saltaste obstáculos, sorteaste escollos, libraste combates y alcanzaste victorias, quedarás en nuesto horizonte en nuestra esperanza, por mucho que los buitres de la misera quieran amenazarte con el olvido.

jueves, 1 de junio de 2017

BREVES APUNTES SAN ISIDRO 2017. "El capotazo de Javier Ambel y otras cosas"


Sí, fue una tarde interesante con toros de Don Victoriano del Río mansos en su mayoría, pero con casta para embestir y crear emoción, no mucha, tampoco hay que tirar las campanas al vuelo, la suficiente como para no caerse, embestir, sin mucho recorrido, pero embestir al fin y al cabo y permitir a Perera y Roca Rey dejar algunos destellos de toreo.

Perera en Perera: Trazo largo, en linea, mano muy baja, pero para mí, de las veces que más claridad de ideas, seriedad y rotundidad le veo en las plazas. Roca Rey: Acostumbrados a el toreo tremendista, de trazo corto, recursos enganchados y eso si, dos cojones, ayer me reconcilió porque echó los vuelos de la muleta a la cara del toro, intentó, y lo consiguió, llevar toreado por momentos, metido en la muleta y con largura, así sí Andrés, así sí. El tercero era López Simón, que si bien empezó sus faenas con emoción, se diluye como una pastilla efervescente en todas sus comparecencias. Le falta creerselo, salir de la presión de las voces del sargento de la Chaqueta Metálica metido en carnes, porque Alberto no es el recluta patoso, y no puede terminar en un vater olvidado y hundido por no poder soportar la presión.

Pero hubo un detalle de Javier Ambel, torero de plata donde los haya que merece el comentario artístico de este apunte. Corría el cuarto toro de la tarde, lidiaba Javier y a las banderillas Curro Javier (grandioso) y Guillermo Barbero (eficiencia). Y se produjo el "milagro". El milagro del toreo, de la lidia, del ritmo, del trazo, de la cadencia, de la estructura de un capotazo. Javier recetó un lance al hermano soso del otro "Cantapájaros", (el victoriano bravo del Juli), que fue el origen de todas las composiciones del toreo, el paradigma de los mil millones de capotazos de la historia del toreo. Salió innato, con poder, largo y solo al alcance de los Dioses, pero que esta vez fue cosa de un hombre, de un torero, de Javier Ambel.

Otro hito destacable fue la gran labor de Tito Sandoval frente a "Cojito", un toro que peleó en Varas, fiero, con casta, y al que me hubiera gustado ver más en el caballo. Tito dejó otra vez claro que lo único que hace falta es querer hacer las cosas bien, querer picar al toro en su sitio, mover el caballo toreando, tener amor propio y acordarse de que el picador lleva la chaquetilla de oro por algo.

Foto:
Javier Ambel liandose el capote de paseo en San Isidro 2017. Foto: las-ventas.com
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